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1388. Jueves, 23 abril, 2009

Capítulo Milésimo tricentésimo octogésimo octavo: "La novedad atrae la atención y aún el respeto, pero la costumbre lo hace desaparecer pronto; apenas nos dignaríamos a mirar el arco iris si éste permaneciese por mucho tiempo en el horizonte" (Berthold Auerbach, 1812 - 1882; novelista alemán)

La homosexualidad ha estado en todas las culturas antiguas y modernas y, si hacemos caso de los estudios sobre ella, en la misma proporción siempre. Ha sido más o menos respetada según las necesidades sociales. Sabemos por los antropólogos lo fuerte que es el instinto de supervivencia en cualquier grupo humano. En una sociedad agraria, donde el número es vital, o rodeada de enemigos, la homosexualidad y la esterilidad son problemas. En sociedades comerciales bien pobladas, y no digamos si están superpobladas, la homosexualidad no es problema alguno, sino más bien un beneficio. No es lo mismo un vasto desierto que una isla prolífica, ni la Atenas de Pericles que un castro celta. A lo largo de la historia la homosexualidad ha sido tratada, o maltratada, según el orden establecido para sobrevivir del grupo humano al que nos refiramos. La raza humana es cruel pero no tonta.

Nada nuevo, ha pasado siempre y con todo. Por eso no entiendo que a estas alturas de la película sigan con la manía de meter (mantener) con calzador los tópicos gays relacionándolos con algo diferente. Sobre todo en la televisión, cada vez más abarrotada de insufrible mariconeo histérico, moderneo chorra y ñoñería de lo más pastelosa y boba. Es cargante para mis oídos tanto chillido y sobresalto con afán de llamar la atención sobre lo que no es más que una obviedad que debería pasar tan desapercibida como las demás. Ser daltónico o pelirrojo, que te gusten los helados de limón ácido más que los de chocolate no es motivo ni de orgullo ni de vergüenza, sino circunstancias personales que se aceptan o no, salvo para aquellos que las sobrellevan como una desgracia y tienen que recurrir al orgullo (en este caso entendido como amor propio, el orgullo de los pobres), para esconder su sentimiento de inferioridad. Podrá ser un problema moral para algunas personas, también están en su derecho; pero, aunque hay costumbres generales, la moral es la de cada uno y tan buena como la de cualquiera.

Lo triste de todo esto es que todavía haya que estar explicándolo.


... et cétera

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1374. Jueves, 26 marzo, 2009

Capítulo Milésimo tricentésimo septuagésimo cuarto: "Pensar mal para dispensarnos de hacer bien es el pesimismo de los espíritus mezquinos. Pensar mal y hacer bien es pesimismo de gran señor" (Jacinto Benavente, 1866-1954 ; dramaturgo español)

Tengo un amigo que dice que el ser humano, en general, es un buen tipo. Para llegar a esa conclusión se fija en los detalles: te caes en la acera y enseguida viene alguien a echarte una mano, si te pierdes en una ciudad te orientan amablemente, nadie te escupe si preguntas la hora... Nos gusta ayudar a los demás, nos sentimos bien haciéndolo. Y dice que la opinión negativa que tenemos de nosotros mismos viene dada porque los medios de comunicación dedican demasiado espacio a los malos, a los que hacen daño. Los buenos somos más, pero salimos mucho menos. Posiblemente soy un poco optimista para estos tiempos de crisis, pero me parece que mi amigo tiene algo de razón.



... de uñas

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