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1230. Martes, 12 agosto, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo trigésimo: El error estuvo en prohibir la manzana. Si hubiesen prohibido la serpiente, Adán se habría comido la serpiente. (proverbio irlandés)

Se le ocurrió a Luis XVI para que la gente comiera patatas. Resulta que los campesinos franceses pensaban que las patatas eran venenosas; ni corto ni perezoso el tal Luis XVI hizo que sembraran un campo de ellas y puso soldados alrededor.

Los campesinos franceses se preguntaban intrigadísimos cuál sería ese cultivo tan valioso. Cuando la cosecha estaba lista el rey retiró la guardia y al cabo de poco tiempo todas las patatas habían sido robadas.

¿Podría servir el mismo truco para hacer desaparecer la pila de informes que se me están acumulando en la mesa gracias a la galvana en que estoy sumido este mes de agosto?

Fijo. Un cartelito en cada carpeta que ponga algo así como “no tocar, fotos íntimas muy personales” y me puedo ahorrar hasta los soldados. Si nos conoceremos ya todos.

... ladrones y soldados

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1177. Miércoles, 7 mayo, 2008

Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo séptimo: “No hacer nada es la mejor manera de conservar toda la fe en nuestras posibilidades” (Noel Clarasó, 1899-1985; escritor español)

Me contaba un amigo que una de las lecciones más valiosas que había aprendido fue la que le dio su abuela un día en que, llevándole a la cocina, cogió una patata del agua hirviendo, se la arrojó a las manos y le gritó: "-¡vamos, agárrala!"

Mientras él hacía desesperados malabarismos para no quemarse, la abuela añadió: “-no sabes qué hacer con ella, ¿verdad?, pues atento, esto es algo que tienes que recordar toda tu vida. Cuando alguien te pase una patata que te queme, ¡devuélvesela!”

Le contaba que una situación difícil de resolver, una pregunta difícil de contestar, es como una patata caliente y que durante toda su vida se encontraría con gente listas que fingirían ingenuidad, para quedarse a la expectativa respecto a él, tratar de aprender lo que él supiese y observar cómo él resolvía los problemas, personas que piensan que si nos dejan la patata para que sean los demás los que le den vueltas en la mano cuando más caliente está, ya no quemará tanto cuando sean ellas las que la cojan. O bien que al ver cómo se las arreglan los demás aprenderán la manera de manejar la patata sin quemarse. Al fin y al cabo cuando hablas no haces más que repetir lo que ya sabes, pero si escuchas es posible que aprendas algo.

Además, hacer que otro coja la patata es más fácil de lo que parece, basta aprovecharse un poco de la vanidad ajena. A mi un “usted, que sabe mucho más de esas cuestiones que yo, ¿qué piensa?" me ha salvado más de una vez y más de dos de quemarme las manos con una patata.

... cosas del cerebro.

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