Mostrando entradas con la etiqueta normal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta normal. Mostrar todas las entradas

1812. Viernes, 29 abril, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo duodécimo: " Quid quid latine dictum sit, altum videtur" -cualquier cosa que se diga en latín, suena más profunda-. ( Proverbio latino)

De desaprensivamente espectacular puede calificarse la acción que un hombre ha perpetrado sobre el cuerpo (zonas glúteas) de una mujer. El tipo en cuestión, un tal Remigio, de mediana edad y con el pecado a flor de piel, criado en su infancia sólo por su madre y hoy todavía viviendo con/de ella, se abalanzó sobre Bernarda Torrelavega, casada, con siete hijos en su haber y ganas de suma y sigue. Sí, se abalanzó cuando ella (97 kilos de decencia) iba a subirse al autobús. La agarró, muy, pero muy fuerte por la cintura y le besó apasionadamente los glúteos hasta que intervino una patrulla de la policía municipal de servicio -lospitufosdetodalavida- por allí cerca. De todos modos, el tal Remigio escapó perdiéndose entre las calles y dejando a la señora gravemente besada. Pocos después fue localizado, aunque al presentar una convincente coartada no pudo ser detenido, según su versión, había estado friéndole gallinejas a su ancianamadre, ancianamadre que aún presentaba migajas del susodicho alimento en su pescuezo y que confirmó que su hijo, “un alma cándida e inocente”, no se había separado de ella en toda la tarde, para acabar, puño en alto con un “son ellas que van provocando”.

La interfecta, Bernarda, aún presenta restos del ataque en forma de labiales moratones que, a causa de la grasa subcutánea de la víctima, se estima que tardarán varios días en desaparecer.

El mundo se está convirtiendo en un lugar cada vez más complicado.



... más "historias extra-ordinarias"

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1784. Viernes, 11 marzo, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo octogésimo cuarto: “Aquel que defectos tenga que disimule los ajenos” (José Hernández, 1834-1886; escritor argentino)

Mea Culpa. Y, al contrario de los que muchos (de la logse/fp) pudieran pensar, no es un insulto. ¡Qué va! Hoy voy a hablar de mí. Sí, ya se que suena como el culo, pero otros, con renombre y probada solvencia, lo utilizan como recurso y hasta les dan premios. A lo que iba. Voy a desnudarme, en el sentido moral del término, ante todos lo que sean capaces de leer esto. Tengo que confesarlo: ¡pero que bien se lo pasa uno con los pies!”.

La cosa viene por leer. Cosa no buena a estas edades ya que, aparte fomentar la presbicia, hace que te despierte cierta curiosidad por temas profundos. Por ejemplo cuando te enteras que, según una vieja técnica utilizada por las geishas japonesas, chupando el dedo del pie, un hombre puede llegar al orgasmo sin necesidad de tocar ni estimular nada más. O una mujer, digo yo. Todo se debe a una cuestión de reflexología podal. Normal.

Claro que una cosa es que a uno le guste ponerse verraco (cerdomachoreproductor) a través de la estimulación oral de los pies y sus deditos, y otra cosa es que dicha práctica se convierta en una obsesión. O no. Que, como cada vez que salen estos temas, me acuerdo de un pisicólogo, inglés él, Havelock Ellis, que decía algo que suena a perogrullada pero que no es tanto si pensamos que hasta hace nada la Asociación Estadounidense de Psiquiatria consideraba desviado a todo acto que no consistiera en la introducción del pene en la vagina. Ellis decía: “todas las personas no son como usted, ni como sus amigos o vecinos. Incluso sus amigos y vecinos pueden no ser tan semejantes como usted supone”.

Vamos, que para gustos, colores. Pues eso: ¡pero que bien se lo pasa uno con los pies!



... más "historias extra-ordinarias"

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"