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1719. Lunes, 22 noviembre, 2010

Capítulo Milésimo septingentésimo decimonoveno: “Si en ellos nunca te pagan pero siempre te cobran... ¿Por qué se les llama colegios de pago a los colegios de pago cuando deberían de llamarse colegios de cobro? (Elvira T. 45 años, telecinquera)

Breve historia lunera (oseasé, de lunes) de cómo los ricos no son ricos por ser ricos sino porque se lo trabajan. O algo así.

1 de julio, uno de los mejores clientes del banco entra a su oficina, se dirige a la ventanilla de préstamos y comienza una conversación con el responsable:
- Buenos días, Quería un préstamo de 1 euro.
- Pero, por Dios, don Luis, si usted es uno de nuestros mejores clientes, ¿cómo le vamos a conceder un préstamo de un mísero euro con todo el dinero que tiene usted ingresado aquí?
- ¡Pues precisamente por eso lo quiero, o retiro todo mi dinero de este banco!
- Cálmese; de acuerdo, un préstamo de 1 euro. ¿Y como lo quiere pagar?
- Quiero devolverlo todo a final de mes y además quiero dejar mi coche como fianza.
- ¿Pero cómo le vamos a privar de su BMW? No hace falta, Don Luis, faltaría más…
- ¡He dicho que quiero dejar mi coche como fianza y no se hable más o retiro todo mi dinero de este banco!
- Está bien. ¡Mozo, lleva el coche del señor a nuestro aparcamiento!
- Pues hasta final de mes, entonces…
El hombre llega a su casa y le dice a su mujer: !Manuela, haz las maletas y vámonos de vacaciones que he encontrado aparcamiento por 3 céntimos al día!



... saxofón

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1181. Martes, 13 mayo, 2008

Capítulo Milésimo centésimo octogésimo primero: "Me encanta el olor del Napalm por la mañana". (Apocalypse now, Francis Ford Coppola; 1979)

A raíz de alguna voz más alta que otra, Alejandro Dumas y un conocido político de la época acabaron retándose a duelo.

Como ambos eran grandes tiradores decidieron -de mutuo acuerdo- no enfrentarse en un campo de honor, optando porque el perdedor se pegase un tiro él mismo.

Por deseo expreso del escritor el rito tuvo lugar un martes y trece. Perdió Dumas y, acto seguido, entró en su despacho. Cerró la puerta y sus amigos, cabizbajos, escucharon el disparo. Pero, al instante, apareció Dumas fumándose un puro. “Señores, ha ocurrido un desastre inesperado” -dijo, solemne-. “He fallado”.

Los martes y trece es lo que tienen, hasta las cosas más simples te pueden salir mal. Por eso, hoy casi mejor que no hagamos nada. Por si acaso.

... los capados con pan son menos.

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