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1721. Miércoles, 24 noviembre, 2010

Capítulo Milésimo septingentésimo vigésimo primero: “Y llegado este momento, me siento a considerar, lo caro que está el sustento... y en lo que viene a parar. (Canción castellana)

Tiene razón uno de los primos choni de servidor, poligonero de toda la vida (los macarras de siempre, vamos), cuando dice que por muy de ikea que esté puesto (nunca le agradecerán bastante estos señores suecos al inventor del tetris su aportación) lo que llaman ahora "estudio con ambiente integrado", no es más una habitación que te tiene que valer de comedor, de cocina, de dormitorio... y a precio de piso normal. Un sacapavos, vamos.

Eso sí, el retrete suele ir aparte. Un detallazo, sin duda; porque con los de casa bien, pero a las visitas igual hasta les da palo. Que hay gente muy mirada para estas cosas.



... termo

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1703. Martes, 26 octubre, 2010

Capítulo Milésimo septingentésimo tercero: “El estúpido ni perdona ni olvida, el ingenuo perdona y olvida; y el inteligente perdona pero no olvida" (Thomas Szasz , 1920, psiquiatra húngaro)

La conclusión del estudio deja pocas dudas: los hombres que usan habitualmente corbata y que tienden a apretársela en exceso –que suelen ser la mayoría- incrementan la presión ocular, un factor de riesgo que puede derivar en ceguera.

Lo dicen investigadores del New York Eye an Ear Infimary: “la hipertensión ocular ocurre cuando la corbata constriñe la vena yugular, propiciando un aumento de la presión venosa, que, a su vez, incrementa la presión de los ojos”. Como consecuencia, ciertas personas con este hábito pueden desarrollar un glaucoma, es decir, un aumento excesivo de la presión del fluido intraocular que termina dañando el funcionamiento correcto del ojo.

Seguro que acabo de salvar la vida a alguno. De nada.



...agua de Valencia

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1600. Viernes, 23 abril, 2010

Capítulo Milésimo sexcentésimo: "Si me hubieran hecho objeto sería objetivo, pero me han hecho sujeto” (José Bergamín, 1895 - 1983; escritor español)

En el año 2004, el doctor Peter Buchanan, del Hospital (léase "jospital") Royal Alfred (como suena) en Sydney (Australia), publicó el caso de una paciente que salía de casa y se acostaba con extraños. Nada anormal... salvo por un pequeño detalle: lo hacía mientras estaba dormida.

El buen hombre (en un arrebato de originalidad), etiquetó el problema como “sexo dormido”, e incluyo tal padecimiento en el muy amplio catálogo de las enfermedades raras ya que, aunque presentaba características similares al sonambulismo, el detalle de retozar con impropios la diferenciaba de lo hasta entonces conocido. La causa parecía estar un desajuste en la fase REM del sueño. Durante ese periodo, el cuerpo permanece inmóvil, pero hay personas que no pierden la tonificación muscular y pueden llevar a la practica aquello con lo que están soñando, incluidos “esos” tipos de sueños. Algunos nos íbamos a pasar la noche en la calle.



... más "historias extra-ordinarias"

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1566. Jueves, 25 febrero, 2010

Capítulo Milésimo quingentésimo sexagésimo sexto: “Si nos irradiásemos a nosotros mismo como Hulk, no obtendríamos superpoderes, sino un superpoderoso tumor Jean Giraud, 1938; dibujante francés)

Hay quien tienen verdadera vocación por algo pero al que, tal y como está montado el tinglado (numerus clausus absurdos, exámenes imposibles, economía perjudicada) se le pone bastante cuesta arriba aquello tan sobrevalorado del querer es poder.

Stubbins Flirth, un aspirante a médico en la Filadelfia a principios del siglo XIX, no permitió que su condición de negado –bastante negado- para estudiar, y sus abundantes problemas económicos, entorpeciera su vocación. Seguro de sí mismo, se lanzó a demostrar por su cuenta y riesgo, la tesis de que la fiebre amarilla no era una enfermedad contagiosa. Para ello no tuvo ningún reparo en inyectarse primero, e ingerir después, la orina reciente (tenía que estar aún tíbia como poco) de los enfermos aquejados de dicho mal, acompañada de otras delicatessen entre los que se incluían vómitos, esputos, heces y cualquier otro tipo de fluido que pudiera o pudiese lograr del enfermo... siempre que fueran frescos, o al menos del día. ¡Faltaría!

Dado que la fiebre amarilla sí que es una enfermedad muy contagiosa, lo único que logró demostrar el temerario aspirante, que no llegó a contraerla pese a sus continuos y memorables esfuerzos, es que los milagros médicos sí que existen. Al menos algunas veces.

Sobre todo porque gracias a sus ensayos, le dieron directamente el título de médico. Algo a todas luces injusto. Todo el mundo sabe que a los pobres estudiantes que usan la vía oficial les hacen mil cosas peores. ¡Dónde va a parar!



... el color de los ojos

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