Mostrando entradas con la etiqueta comidas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta comidas. Mostrar todas las entradas

944. Martes, 27 marzo, 2007

Capítulo Noningentésimo cuadragésimo cuarto: "Son tan insensatos los hombres que una violencia respetada acaba por parecerles un derecho" (Claude Adrien Helvétius ,1715-1771, filosofo francés)

En poco más de un mes voy de boda. Ajena, por supuesto. Hay muchas causas por las que soy alérgico no sólo a los casamientos sino a banquetes, comuniones, entierros y/o, en general, cualquier otro acontecimiento dónde sea necesario usar calzoncillos.

En general, las razones de este rechazo suelen ser las mismas. Independientemente de si el protagonista es un novio o un muerto, resulta que tengo cierta alergia a saludar una y otra vez y con una sonrisa forzada, a gente que parece conocerte de toda la vida pero que no recuerdo haber visto jamás, mientras aguanto en la espalda palmadita va, palmadita viene.

Evidentemente, además de esta razón, valida para cualquier tipo de reunión, cada evento presenta ciertos matices exclusivos que hacen aumentar aún más ese rechazo. Por ejemplo, y ya que hoy 27 de marzo es el día mundial del teatro, hablemos de una representación teatral en toda regla: la boda. ¿Hay algo más horroroso que el trozo de tarta de boda que te ponen al final?

Vale, en general la comida es asquerosa, el "salpicón de mariscos" no es más que lechuga con una salsa color "crema de limpiar zapatos", la "ternera a la crema de pimienta negra" es algo semejante a lo que deja un perro con diarrea y las "patatas redondas vaporizadas" parecen cucarachas albinas a las que le han quitado las patas. Pero nada que ver con el remate final: la tarta convierte todo lo comido hasta entonces en una exquisitez absoluta.
Algún día en el que os sintáis valientes haced la prueba y, sin que los efluvios del alcohol estén presentes en vuestras mentes, atreveros a sumergiros en una de las experiencias más asquerosas en las que puede caer el ser humano en su vida: comer tarta de boda a pelo.

Para que luego digan que ser abstemio no tiene inconvenientes.


... el sexo de los cuentos

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

857. Viernes, 10 noviembre, 2006

Capítulo Octingentésimo quincuagésimo séptimo: "Ninguna cuestión queda nunca concluida hasta que se concluye bien". (Erich Fromm, 1900-1980, psicoanalista alemán)

Tenía yo para mi que lo de las manías en el comer eran sólo cosa de grandes estrellas de ésas que podían pedir por contrato detalladas cláusulas gastronómicas a cual más absurda. Y hay unas cuantas. Valgan de ejemplo:

Prince: exige siempre varios tipos de tés de hierbas, miel y cuatro (4) limones.
Cher: dos botellas de dos onzas de Gatorade Cherry Rush.
Britney Spears: una boldsa de Doritos Cool Ranch y una caja de Altoids rojos.
Guns N´Roses: una ración de fetuccini alfredo.
Tina Turner: una pinta de chocolate con leche.
Kiss: seis pasteles de arroz y caramelo.
Burt Bacharach: mantequilla de cacahuete cremosa.
The Beach Boys: un cuenco pequeño de pistachos blancos (no aceptan ni uno rojo).
Snoop Doog: sólo alimentos fritos.
The Who: frutero grande.
ZZTop: una lata de bebida de queso americano.
Baranaked Ladies: fuente de fruta variada para doce, se ruega imaginación.
Frank Sinatra: 24 langostinos grandes helados.
Aerosmith: mazorcas de maíz frescas y hervidas durante tres nminutos, ni uno más ni uno menos.
Lynyrd Skynrd: fruta fresca del tiempo y mucho, mucho melón.
Rolling Stones: camareras guapas y arregladas para servir la comida.

Y que, sin embargo, los demás, acostumbrados como nos acostumbraron a aquello de "si no te lo comes ahora ya te lo comerás en la cena", no teníamos ese tipo de manías tontas.

Pues también, también.

En 1937 un señor, H.I. Rowntree, usó su compañía para empezar a fabricar unas grageas de chocolate. Un año después inundarían el mercado bajo el nombre de Smarties. Se empezaron haciendo en ocho colores: rojo, amarillo, naranja, verde, morado, rosa, marrón claro, y marrón oscuro, pero, maniáticos somos, los marrones claros no tenían ninguna aceptación (al contrario que los naranjas, los más demandados) y siempre eran los últimos que se acababan comiendo (algo así como la peladillas de la navidad). Por eso, en 1989 se sustituyeron por los azules.

A ver, que levante la mano el que no se coma las gominolas en forma de mora de color rojo antes que las de color negro. Pues eso



... más "historias-extra-ordinarias"

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"