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2142. Martes, 18 diciembre, 2012

Capítulo Dosmilésimo centésimo cuadragésimo segundo: "Un ratón no confía nunca su vida a un solo agujero” (Proverbio griego)

El doctor William Master y doctora Virginia Johnson realizaron a finales de los cincuenta y principios de los sesenta el estudio más detallado sobre la sexualidad humana. Armados de paciencia, ambos observaron más de 10.000 coitos en su laboratorio. Y fue un trabajo científico ya que en este caso "observar", además de mirar, incluía colocar a los participantes unos sensores que lo registraban todo, con lo cual Masters y Jonshon sabían exactamente lo que, minuto a minuto, estaba ocurriendo en cada relación, pudiendo establecer así sus famosas cinco fases, unas fases que han sido la base de todas las investigaciones posteriores. Teniendo en cuenta que hasta el mirón más persistente se hubiera hartado pasadas las mil primera escenas -algunos degenerados incluso antes- hay que reconocerle a estos científicos una dedicación impresionante.

Hasta ahí bien. Pero no estaría de más romper una lanza por los personajes anónimos que nunca se llevan el mérito por más que resulten imprescindibles en este tipo de estudios. Técnicos, colaboradores, ayudantes.. pero sobre todo las limpiadoras, verdaderas protagonistas para un buen resultado final, limpiadoras sin las cuales nada de eso se hubiera llevado a cabo. Bueno, llevarse a cabo posiblemente sí, pero las condiciones -y por tanto las conclusiones- nunca hubieran sido las mismas. Al menos a partir del quinto. Cuestión de polvo. Vamos, digo yo.

Al Cesar lo que es del Cesar.


... buey.

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2136. Martes, 4 diciembre, 2012

Capítulo Dosmilésimo centésimo trigésimo sexto: "Ni la planta más venenosa te matará, si solo te quedas observándola”. (Proverbio japonés).

En todas o en casi todas las empresas existe:

Una secretaria ya entradita en años que comparte el puesto con otra secretaria más joven y con muchas, muchas aspiraciones.

Una becaria a la que enseña una separada a punto de jubilarse y que lleva treinta años en el departamento de contabilidad.

Una interminable cadena de jefecillos que se encuentran constantemente reunidos con un jefe al mando que recibe la visita de la amiga (que corresponda) esa semana.

Jefe al que también vienen a ver de vez en cuando su hijo y su hija, una encantadora jovencita que dejó la carrera para irse a vivir con su "compañero doméstico", un chico de Albacete que se dedica al striptease en despedidas de solteras mientras aprueba las oposiciones a bombero, y al que su madre, la esposa del jefe, siempre se opuso rotundamente. Al final triunfó el amor.

Un departamento de contabilidad cuyo responsable se pasa la vida espiando a los demás y un administrativo con problemas de próstata y que se pasa más tiempo en el retrete que en su sitio de trabajo.

Un departamento de recursos humanos que conoce perfectamente su labor con un responsable que intenta hacerse continuamente el simpático y caerle bien a todo el mundo... y unos subordinados que se pasan la vida consultando el facebook, viendo páginas de porno duro o -peor aún- actualizando blogs (que para eso son ellos los que controlan pero nadie les controla a ellos).

Un departamento de informática a cuyo frente se encuentra un cuarentón inmaduro obsesionado por los ordenadores que vive con su madre y piensa que todavía estamos en la era de acuario viva el flower power, escoltado por una licenciada en filología inglesa y militante feminista cuyo único interés se centra en desplegar todos sus encantos y poder con ellos encontrar a un marido que la retire, un salido que siempre está pensando en lo mismo, y un extraño individuo que nunca dice nada pero siempre se está riendo.

Y los compañeros que nos rodean, entre los que nunca faltan: Una menopausica con sofocos adicta a los libros de autoayuda. Un amigo del amigo de un amigo del padre de uno que una vez le regó el césped a uno de los cuatro chalets que tiene el jefe en Torrelodones. El gracioso oficial empeñado en hacerte la misma bromita cada tres horas. La fea patosa incapaz de hacer tres fotocopias seguidas pero la única que no pone ningún tipo de problemas para ficharnos a todos. El nuevo, un adicto a las juergas nocturas cuyas resacas no logra controlar del todo a pesar de sus dilatada experiencia en el tema.

Y, naturalmente, uno mismo, que forma parte del equipo aportando una modesta pero -como se puede ver- completamente imprescindible contribución.


... katholokós.

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2131. Martes, 27 noviembre, 2012

Capítulo Dosmilésimo centésimo trigésimo primero: “La Navidad en mi casa es por lo menos seis o siete veces más agradable que en cualquier otro sitio. Empezamos a beber temprano, y cuando el resto de la gente ve un solo Santa Claus, nosotros vemos seis o siete”. (William Claude Dukenfield, 1880 – 1946; actor estadounidense)

A pesar de no ser precisamente escrupuloso, siempre me ha parecido que entrar en un retrete público no deja de tener un mucho de "espíritu de aventura".

Y no lo digo ya por cuestiones de que aquello esté más o menos guarro -algo que por su propia naturaleza se le supone-, que huela a desinfectante de salas de multicines (¿o es al revés?), o que siempre lleven incorporados de serie a un señor rondando los cien años con artrosis en todas sus articulaciones menos en las del cuello.

Lo digo por las maquinitas secamanos automáticas que aparecen como setas en todos los retretes sustituyendo a aquellos inmensos rollos de papel continuo que tanto servicio nos hicieron.

No sé yo. Por muchos controles de seguridad que pasen, por muy modernos que sean, por muy bien que le funcionen sus flamantes sensores de infrarrojos (otro tema que daría para un libro) no dejan de ser unos aparatitos eléctricos enchufados en un sitio que suele estar mojado (por varias causas y de diversos líquidos además) y en el que hay que acercar unas manos húmedas... Vamos que un descuidín de nada y te quedas más seco que la mojama.

Luego dirán que soy un guarro por secarme las manos en la camiseta. Precavido diría yo.


... tsunami.

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2126. Martes, 20 noviembre, 2012

Capítulo Dosmilésimo centésimo vigésimo sexto: "Mi hija escribió la contraseña de su Facebook sin saber que yo estaba detrás. Ahora ya sé que su contraseña son 8 asteriscos” (Reflexión de una madre en Twitter)

En 1774, unos médicos trataron de reanimar a personas recién fallecidas usando un ingenio llamado respirador de tabaco. El aparato en cuestión permitía insuflar humo por el ano del paciente. En la mayoría de los casos fue un absoluto fracaso, pero, al menos en uno de ellos, está documentado que, durante algunos segundos, el paciente volvió a la vida.

Lo que nos lleva a la conclusión de que sí, fumar (tabaco) por la boca mata, pero hacerlo por el culo tiene, al menos en algún caso, un efecto opuesto. Algo que, bien mirado por las leyes físicas del efecto contrario y eso, resulta hasta lógico.


... pez roca.

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2121. Martes, 13 noviembre, 2012

Capítulo Dosmilésimo centésimo vigésimo primero: "Realidad" siempre deberá ir entre comillas. (Richard Buckminster, 1895 - 1983; diseñador estadounidense)

Se abre el telón. La escena representa la salita de estar-comedor en un piso de las afueras de cualquier ciudad, comprado en in-cómodos plazos mensuales. En escena está el padre y la madre. El primero lee El País y la madre ve Telecinco. Entra el hijo, estudiante de unos dieciocho años que echa horas en un burger y que, además, saca muy buenas notas. Se sienta y lee un libro. Al rato entra la hija, algo menor que su hermano, y besa cariñosamente a su madre antes de ponerse a estudiar el examen que va a tener la semana que viene. Poco después, la madre sirve la cena: sopa de sobre, pollo de corral con ensalada y fruta. Conversan animadamente. Retiran la mesa después de cenar y todos, felices y contentos, ven la televisión. Al acabar la película todos se van a dormir. La escena queda a oscuras. Se oyen cuatro sucesivos rumores del agua del retrete que limpia los excrementos depositados puntual y ordenadamente por los miembros de la familia. Un silencio expresa al cabo de un rato la dulce paz espiritual en que se ha sumergido el hogar.

Cae el telón, un telón agitado por los insultos y las violentas protestas de los espectadores que no toleran ni comprenden el moderno teatro del absurdo.


... Argentina.

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1817. Lunes, 9 mayo, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo decimoséptimo: "Sólo avanzada ya mi vida me di cuenta de cuán fácil es decir: no lo sé” (William Somerset Maugham, 1874 - 1965; escritor británico)

Es lo primero que hago todas las mañanas. Aún semidormido, me levanto y entro en el cuarto de baño. Con gesto automático enciendo la luz y, frente al espejo enchufo mi máquina. Sé que hay mucha gente que odia ese momento, pero yo me lo paso muy bien. ¿Masoquista? Tal vez pero, ¿quien no lo es un poco? Lo cierto es que el contacto del metal con mi piel hace que el sueño me abandone y la sangre me circule mejor. La paso una y otra vez por el mismo sitio sin necesidad, por puro deleite. A veces -debo reconocerlo- estoy media hora así y el ruido molesta a otras personas. Ayer mismo mi compañerodoméstico vino hasta mí y me llamó cafre; dijo que estaba destrozando mi cara y sus oídos, que el ruido deshacía sus nervios y que yo era un esquizoide. Nada extraño, él usa mucho estas definiciones psicológicas. Desde que leyó el “Manual para brillar en reuniones sociales" no ha vuelto a ser el mismo. Un día resbalé en la calle y casi me parto la crisma, pues va y me habla del "desequilibrio emocional proyectado"; otra vez me definió como "fetichista reprimido" porque hablé de lo bien que le quedaban unos zapatos. Total, así llevo varios años y le hago menos caso que los ingleses al tema de Gibraltar. Ya puede decir cualquier cosa que yo seguiré todas las mañanas haciendo lo mismo. Después de todo, y por mucho que al terminar me tenga que pasar la cuchilla y duela, creo que tengo el derecho a pasarme por la cara el tiempo que quiera mi máquina de coser.



... Guiñol

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