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1744. Viernes, 14 enero, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo cuadragésimo cuarto: “Y de repente, algo que nunca antes habían visto, ni tenido ni necesitado, se convirtió en imprescindible”. (The Gods Must Be Crazy, Jamie Uys; 1980)

Un día un tipo muere y baja al infierno. Allí tiene su primer encuentro con un demonio:

Demonio: ¿Por qué estás tan triste?
Tipo: ¿Por qué me haces esa pregunta tan estúpida? ¡Estoy en el infierno!
Demonio: Pero si el infierno no es el ejército... De hecho nos lo pasamos en grande aquí abajo. ¿Te gusta beber?
Tipo: Claro, beber me gusta mucho.
Demonio: Muy bien, entonces vas a adorar los lunes. Los lunes es cuando llegan las bebidas alcohólicas: Whisky, tequila, cerveza, vino, aguardiente, licores... bebemos hasta que nos caemos al suelo y no nos podemos levantar!!!!
Tipo: Oye, eso suena muy bien.
Demonio: ¿Eres fumador?
Tipo: Sí, y muy vicioso.
Demonio: Estupendo, entonces vas a adorar los martes. Conseguimos el mejor tabaco de todo el mundo, la mejor marihuana y el mejor hachís y fumamos hasta que se nos salen los pulmones por la boca. Del cáncer no te preocupes porque ya estás muerto, recuerdas?
Tipo: ¡Esto es formidable!
Demonio: Pues claro!, apuesto a que también eres jugador!!!!
Tipo: Pues sí... la emoción...
Demonio: Pues los miércoles se abre el Casino y jugamos al black jack, a la ruleta, al póquer, a lo que sea. Si te arruinas... estás muerto, no? No tienes que preocuparte por comer. ¿También te van las... drogas?
Tipo: Eso parece. Creo que me fui en la última.
Demonio: Estás de suerte, el jueves es el día de las drogas. Cocaína, heroína, crack, ketamina, lsd, extasis, GHB... Puedes conseguir todas las que quieras gratis, y meterte hasta la saciedad!!!! el Arte al Colocarte, colocarte, colocarte...
Tipo: ¡Nunca imaginé que el infierno fuera un lugar tan maravilloso!¿no estaré en el cielo? Tampoco fui tan malo.
Demonio: ¿Eres gay?
Tipo: No... eso no
Demonio: Ooooooooooh!!!!....si no te adaptas un poco me parece que no vas a disfrutar mucho los viernes.



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1506. Miércoles, 18 noviembre, 2009

Capítulo Milésimo quingentésimo sexto: “¿Por qué cuando uno tiene una herida en la boca no puede dejar de tocársela con la lengua?” (Abel M. 23 años estudiante)

Reconozco jugar con ventaja en todo lo que tiene que ver con eso que llaman la moral y las buenas costumbre. Por un lado mi educación, completamente laica y bastante libertaria -por no decir gamberra-, hace que mis prejuicios en ese campo queden reducidos a la mínima expresión... pero muy mínima, muy mínima.

Pero por otro (y por si acaso, que uno es de ciencias y le enseñaron a no fiarse de nada) estoy emparentado, por línea directa !y además doble! con Dios, mi tío, que para eso dos de mis tías se casaron con él. Y (al menos por ahora) para toda la vida.

Por eso, digo yo, que ante una situación de emergencia y llegado el momento, mal ha de ser que por esos reinos divinos donde todo es bondad y tal, no funcione un mínimo de endogamia ("enchufe" para los de la f.p.) y, en caso de apuro, mis amadísimas tías no hablen con su esposo para buscarme algún acomodo en algún rinconcito celestial. Que lo del infierno está bien para pasar un rato, pero a lo mejor para toda la eternidad acaba resultando algo cansino.

... dius camelleros

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1077. Martes, 20 noviembre, 2007

Capítulo Milésimo septuagésimo séptimo: "Dios lo que más odia después del pecado es la tristeza, porque nos predispone al pecado". (San Agustín, 354-439, obispo y filósofo)

De los siete pecados capitales que me enseñaron "sólo" me considero adicto a dos. Ya sé que la proporción no es mucha, pero teniendo en cuenta que ambos dos los practico con nocturnidad, alevosía y recochineo, pocas esperanzas me quedan de no acabar quemándome en los avernos esos.

Y menos que me quedan. Resulta que, al menos hasta el siglo VI que por obra y gracia de Gregorio Magno desapareció uno de ellos, los pecados capitales no eran siete, eran ocho. A los clásicos de toda la vida: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza, se añadía uno más: acidia.

Así describía en 1174 Guines II, el Cartujo el pecado de la acidia o acedia:


"Cuando estás solo en tu celda, a menudo eres atrapado por una especie de inercia, de flojedad de espíritu, de fastidio del corazón, y entonces sientes en ti un disgusto pesado: llevas la carga de ti mismo; aquellas gracias interiores de las que habitualmente usabas gozosamente, no tiene ya para ti suavidad; la dulzura que ayer y antes de ayer sentías en ti, se ha cambiado en grande amargura"
Si por aquello de la actualización temporal, cambiamos "celda" por "cubículo laboral" -dos términos sinónimos-, resulta que no pasa ni un solo día en el que, además de pecar constantemente ejerciendo la lujuria y la pereza, desobedezca voluntariamente a la ley de Dios practicando esa galbana en el plano espiritual que es la acidia. Todo un pecado de los de antes.

Derechito al infierno voy a ir. Al tiempo.
... plástico transparente.

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